(primero fue el dibujo)
Las personas, al igual que las plantas, echan raíces. Desde que nacen, se van arraigando a ciertas cosas. No solo al suelo en el que viven sino también a otras personas: padres, hermanos, amigos. Esas raíces les dan una seguridad, una sensación de tranquilidad; en otras palabras, los sostienen. A medida que pasa el tiempo las mismas van ganando profundidad, y los ayudan a crecer. A la hora de transplantar a una persona, puede existir ciertas complicaciones. Si las raíces que esta ha echado son muy profundas, o si están muy sujetas a otras raíces, el transplante puede ocasionarle daños a la misma. Es crucial el tiempo, el cuidado, el cariño con el que se realice esta operación. Es muy recomendable, de hecho, mantener esas raíces en su lugar, y lograr que esta persona eche otras nuevas (sumadas a las ya existentes) en el lugar donde se desea que continúe creciendo. Este proceso puede llevar algo de tiempo, e incluso puede resultar infructuoso al menos en un principio. Si la persona presenta dificultad para desarrollar nuevas raíces o si se encuentra muy arraigada a las originales, no desespere. Como ya se ha dicho, es indispensable la paciencia y el cariño en esto. Hay un truco que suele funcionar a la hora del transplante. Tome a otra persona, una que no tenga raíces tan profundas, alguien a quién le cueste el arraigo al suelo, a la gente, etc, y plántelo bien cerca de la primera persona. El “desarraigado” suele tener dificultad a la hora de generar raíces profundas y fuertes: tiende a la fragilidad, a separarse del suelo con facilidad. Pero he aquí el truco. Si una “arraigada” y un “desarraigado” se juntan, si son colocados una junto al otro, el segundo echará rápidamente raíces fuertes que se enlazarán a las de la primera. A través de esto, se fortalecerán mutuamente y la “arraigada” conseguirá echar raíces poco a poco, sin dejar en ningún momento de fortalecer las ya existentes. Una vez juntos, estas personas procederán a echar raíces conjuntas, resultando más fuertes que las que pudieran hacer crecer por separado. Con un poco de suerte, amor, y dedicación, ambos florecerán.

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