(primero fue el texto)
La inmortalidad está sobrevalorada. Mucha gente desearía ser inmortal, tener todo el tiempo existente a su disposición. Ser eterno. Pero si uno se pone a analizarlo aunque sea por dos segundos, termina dándose cuenta de que todo el tiempo existente es demasiado. Es simplemente mucho.
La inmortalidad está sobrevalorada. Mucha gente desearía ser inmortal, tener todo el tiempo existente a su disposición. Ser eterno. Pero si uno se pone a analizarlo aunque sea por dos segundos, termina dándose cuenta de que todo el tiempo existente es demasiado. Es simplemente mucho.
A ver, no estoy tratando de decir que hay que buscar la
muerte ni nada parecido. Pero la muerte termina convirtiéndose en un aliciente
imprescindible a la hora de pensar la vida. ¿Qué caso tiene elegir hacer algo
ya, sin la imagen de un final que se aproxima, más lento o más rápido? Ninguno.
Por las dudas, vamos de nuevo: la inmortalidad está
sobrevalorada. Si sabiendo que nuestra vida es finita podemos desperdiciarla
mirando tele o “scrolleando” en Facebook, no me atrevo ni a pensar cómo
podríamos desperdiciar una inmortalidad. Una eternidad de nada. De todos modos,
y por suerte el tiempo transcurre y nos obliga a transcurrir con él.
Volviendo a la inmortalidad, otro punto en contra sería la
falta de temor. Si, dije en contra. Si nada puede herirme, si soy inmune a
cualquier daño, se elimina la emoción del peligro, la adrenalina de saber que
si trepo a un árbol puedo caerme; y que eso lo hace emocionante.
O imaginemos el amor. El amor sería imposible en un mundo de
inmortales. No tendríamos esa sensación que, al ver a alguien, nos impulsa a
querer pasar todos y cada uno de nuestros segundos a su lado. A pensar que
quizás, en algún momento, ya no podamos estar juntos, y que debemos vivir
nuestra vida de a dos mientras podamos. Si fuéramos inmortales tenderíamos
irremediablemente a la soledad, a transcurrir nuestro infinito tiempo en una
apatía insoportable, hasta hartarnos de todo definitivamente.
Es por todo esto que la inmortalidad está sobrevalorada. En
el mismo grado en el que la muerte nos asusta y nos repele, también nos motiva
y nos moviliza. Nos llama a vivir, a no dejar pasar ni un instante, y a
encontrarnos con ella llegado el momento, con la conciencia en paz, y en
igualdad de condiciones.
Por ahora los dejo tranquilos. Me fui a vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario