sábado, 16 de enero de 2016

Calesita



(primero fue el texto) 

Trescientos sesenta y cinco días. Perdón, trescientos sesenta y seis. Un año entero, nuevito, perfecto, impoluto. Listo para ser vivido. Aunque en realidad no haya cambiado mucho de hace una semana, o dos, o cinco, o cincuenta. Pero nos sirve volver a foja cero, frenar la cabeza, analizar lo vivido y ver lo que vendrá, prometiéndonos no volver a cometer los errores del año anterior y apostar por todas esas cosas que dejamos pendientes.

En definitiva, el año termina siendo como una calesita. Da una vuelta de trescientos sesenta grados y vuelve siempre al mismo lugar, donde un señor nos acerca una sortija para ver si esta vuelta podemos sacársela de las manos. Nos desafía a conseguir eso que la vuelta anterior no pudimos, por falta de esfuerzo, por condiciones desfavorables, por lo que sea. Suena sencillo, pero no lo es tanto. ¿Por qué?. Porque en una calesita uno siempre sabe en qué lugar va a estar la sortija, y por más que no alcance a robarla, la próxima vuelta va a seguir estando en el mismo lugar. Pero el nuevo año no es tan generoso. Cada vuelta que da, cada primero de enero que llega, nos pone en un mismo lugar pero no nos indica en qué lugar va a estar la sortija.

Es cuestión de atención: hay que mantener la concentración y vivir cada día listo para aprovechar cada oportunidad. O listo para crear una. De eso se trata cada año. Bah, la vida. Eso de contar los días es más un tema de forma que de fondo. Nada cambia mágicamente por pasar del treinta y uno al primero, ni por cambiar el último dígito de un número de cuatro cifras (por lo menos por siete mil novecientos ochenta y cuatro años más).

Al final, volvemos a estar subidos al caballo, que sube y baja, aproximándonos a la sortija. Habrá que ver si esta vez sí la conseguimos. O, mejor aún, si la creamos, y la apretamos fuertemente hasta la próxima vuelta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario