(primero fue el texto)
Un texto y un dibujo por semana. Algunas semanas, un dibujo que sirva como disparador de un texto; y otras, un texto que luego será reinterpretado en forma de dibujo. Todo por amor a escribir y dibujar. Pase y vea.
martes, 29 de diciembre de 2015
(re)invento
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Instrucciones para transplantar una persona
(primero fue el dibujo)
Las personas, al igual que las plantas, echan raíces. Desde que nacen, se van arraigando a ciertas cosas. No solo al suelo en el que viven sino también a otras personas: padres, hermanos, amigos. Esas raíces les dan una seguridad, una sensación de tranquilidad; en otras palabras, los sostienen. A medida que pasa el tiempo las mismas van ganando profundidad, y los ayudan a crecer. A la hora de transplantar a una persona, puede existir ciertas complicaciones. Si las raíces que esta ha echado son muy profundas, o si están muy sujetas a otras raíces, el transplante puede ocasionarle daños a la misma. Es crucial el tiempo, el cuidado, el cariño con el que se realice esta operación. Es muy recomendable, de hecho, mantener esas raíces en su lugar, y lograr que esta persona eche otras nuevas (sumadas a las ya existentes) en el lugar donde se desea que continúe creciendo. Este proceso puede llevar algo de tiempo, e incluso puede resultar infructuoso al menos en un principio. Si la persona presenta dificultad para desarrollar nuevas raíces o si se encuentra muy arraigada a las originales, no desespere. Como ya se ha dicho, es indispensable la paciencia y el cariño en esto. Hay un truco que suele funcionar a la hora del transplante. Tome a otra persona, una que no tenga raíces tan profundas, alguien a quién le cueste el arraigo al suelo, a la gente, etc, y plántelo bien cerca de la primera persona. El “desarraigado” suele tener dificultad a la hora de generar raíces profundas y fuertes: tiende a la fragilidad, a separarse del suelo con facilidad. Pero he aquí el truco. Si una “arraigada” y un “desarraigado” se juntan, si son colocados una junto al otro, el segundo echará rápidamente raíces fuertes que se enlazarán a las de la primera. A través de esto, se fortalecerán mutuamente y la “arraigada” conseguirá echar raíces poco a poco, sin dejar en ningún momento de fortalecer las ya existentes. Una vez juntos, estas personas procederán a echar raíces conjuntas, resultando más fuertes que las que pudieran hacer crecer por separado. Con un poco de suerte, amor, y dedicación, ambos florecerán.
Las personas, al igual que las plantas, echan raíces. Desde que nacen, se van arraigando a ciertas cosas. No solo al suelo en el que viven sino también a otras personas: padres, hermanos, amigos. Esas raíces les dan una seguridad, una sensación de tranquilidad; en otras palabras, los sostienen. A medida que pasa el tiempo las mismas van ganando profundidad, y los ayudan a crecer. A la hora de transplantar a una persona, puede existir ciertas complicaciones. Si las raíces que esta ha echado son muy profundas, o si están muy sujetas a otras raíces, el transplante puede ocasionarle daños a la misma. Es crucial el tiempo, el cuidado, el cariño con el que se realice esta operación. Es muy recomendable, de hecho, mantener esas raíces en su lugar, y lograr que esta persona eche otras nuevas (sumadas a las ya existentes) en el lugar donde se desea que continúe creciendo. Este proceso puede llevar algo de tiempo, e incluso puede resultar infructuoso al menos en un principio. Si la persona presenta dificultad para desarrollar nuevas raíces o si se encuentra muy arraigada a las originales, no desespere. Como ya se ha dicho, es indispensable la paciencia y el cariño en esto. Hay un truco que suele funcionar a la hora del transplante. Tome a otra persona, una que no tenga raíces tan profundas, alguien a quién le cueste el arraigo al suelo, a la gente, etc, y plántelo bien cerca de la primera persona. El “desarraigado” suele tener dificultad a la hora de generar raíces profundas y fuertes: tiende a la fragilidad, a separarse del suelo con facilidad. Pero he aquí el truco. Si una “arraigada” y un “desarraigado” se juntan, si son colocados una junto al otro, el segundo echará rápidamente raíces fuertes que se enlazarán a las de la primera. A través de esto, se fortalecerán mutuamente y la “arraigada” conseguirá echar raíces poco a poco, sin dejar en ningún momento de fortalecer las ya existentes. Una vez juntos, estas personas procederán a echar raíces conjuntas, resultando más fuertes que las que pudieran hacer crecer por separado. Con un poco de suerte, amor, y dedicación, ambos florecerán.
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