lunes, 19 de octubre de 2015

La Tensión de los Cuerpos


(primero fue el dibujo)

De niño siempre fui reticente al contacto con los demás. No sé por qué motivo, pero prefería tener mi espacio personal. Creo que por dentro siempre pensé que cuando me acostumbrara a compartir con otras personas, por algún motivo la relación dejaría de existir y yo volvería a estar solo. Por eso prefería la soledad autoimpuesta. Nadie te puede dejar solo si estas solo en primera instancia.
Tampoco era muy dado al afecto, o al contacto físico. Le rehuía a los abrazos como gato al agua. O a los rosarinos.     Y pasaron muchos años hasta que pude dejar de temerle. Nunca pensé que recorerría cientos de kilómetros solo por sentir el roce de una mano contra mi mano, de unos labios contra mi rostro. Ni que a pesar de la distancia entre nosotros, la tensión entre nuestros cuerpos se volvería irresistible.
Hoy los kilómetros se convirtieron en metros, centímetros apenas. Pero la tensión sigue ahí, nos atrae irremediablemente el uno hacia el otro. Y saber que puedo estirar mi mano y que la suya me va a sostener lo es todo. Doy el mundo por un abrazo de ella. Y ese abrazo se convierte en el mundo, y todo lo demás desaparece. Y es lo único que importa.